Dic 14

Para un currículo de educación en valores – Parte 2

Escrito por Oku 14 Diciembre, 2018

Josep María Puig Rovira
Xus Martín García

Segunda parte

Prácticas morales

De acuerdo con los autores del artículo un currículo de educación en valores es un conjunto de prácticas morales que ayudan a adquirir la competencia para valorar la actualidad y para discriminar lo que se debe aceptar y cómo adquirirlo, lo que se debe transformar y cómo cambiarlo, y lo que se debe inventar y cómo crearlo.
Una práctica entonces es un proceso con principio y final en el que diversos participantes actúan conjuntamente en busca de un objetivo durante un tiempo limitado. Para una mejor comprensión del valor educativo de las prácticas, veamos algunas de sus características:

  • Las prácticas son una sucesión de hechos organizados y rutinarios: tienden a repetirse con frecuencia. Esto les da una capacidad educativa enorme porque su repetición facilita el aprendizaje.
  • Las prácticas son cursos de acontecimientos que persiguen objetivos funcionales y cristalizan valores durante su realización: son acciones moralmente informadas.
  • Las prácticas invitan a sus participantes a adquirir virtudes.
  • Las prácticas se viven en situaciones de taller. En una situación de taller, vivir una práctica provoca múltiples interacciones donde se intercambia afecto, donde se reflexiona y donde se trabaja en común a propósito del contenido concreto de cada una de las propuestas.

Así mismo, y ya planteadas estas características, veamos también sus aspectos diferenciadores. Como ya se manifestó anteriormente, la educación en valores debe proporcionar experiencias de repetición moral en las que se acepta las formas dadas como buenas y también experiencias de innovación moral donde hace falta transformar las formas de vida o crear otras nuevas. Y es a esta doble dirección que deben orientarse las prácticas morales en un currículo de educación. De esta manera, es necesario dividir estas prácticas en procedimentales y sustantivas. Vale aclarar que, a pesar de tratarse siempre de prácticas morales, su intencionalidad puede distinguirse.

Los jóvenes son capaces de reflexionar sobre sí mismos,… y llegar a acuerdos que les permitan resolver sus problemas.

Las prácticas procedimentales

Fijan cursos de acciones que expresan valores, requieren virtudes y apuntan a finalidades morales, pero, además, abren un espacio a la creatividad moral y al afán de investigación moral de los sujetos; es decir, método y producto son sus dos caras. Cuando discutimos un dilema moral se está usando un procedimiento: el diálogo para intercambiar razones (método). Y su uso nos permite acercarnos a la comprensión del problema y a una posible solución (producto).

Las prácticas sustantivas

Al igual que las procedimentales, establecen cursos de acción que expresan valores, requieren virtudes y apuntan a finalidades morales; no obstante, en estas no se abre un espacio a la creatividad moral, sino a la repetición moral. Las prácticas sustantivas fijan y proponen los valores con el fin de que estos sean adoptados por los jóvenes. Y aunque se pueden introducir variaciones, se pretende que los individuos se introduzcan en un cauce que los guíe por una senda de comportamientos valiosos, con tal fuerza y significación, que el acto de participar en la práctica adquiera un alto contenido educativo.

A continuación, se describirán dos tipos de prácticas procedimentales: las de reflexividad y las de deliberación, y un tipo de prácticas sustantivas: las de virtud.

Prácticas de deliberación

Estas prácticas tienen que ver con el empeño de la teoría ética y la práctica moral en dilucidar mediante la indagación y la argumentación racionales, los problemas relativos al mejor modo de vivir. La presencia de esta aspiración moral en las sociedades plurales y democráticas actuales invita a que en educación se adopten prácticas escolares de deliberación.

Deliberar es reflexionar conjuntamente sobre una cuestión; establecer los hechos, analizar las causas que los provocan, comprender la posición de los implicados, dialogar, buscar soluciones… en fin, un proceso que al final le proporcione a todos conocimiento y, en especial, la modificación de opiniones y actitudes. Se trata de una mejora que solo se alcanzará en conjunto al considerar colectivamente cuestiones significativas. Dos de las propuestas educativas que más claramente contemplan el diálogo para abordar temas controvertidos y de interés para el grupo son la asamblea escolar y la discusión de dilemas morales.

La asamblea escolar es un espacio para dialogar con ánimo de entenderse, organizarse mejor y solucionar los conflictos que pueden plantearse. Esta parte del supuesto que los jóvenes son capaces de reflexionar sobre sí mismos, tomar conciencia de su realidad grupal y llegar a acuerdos que les permitan resolver sus problemas.

Por su parte, la discusión de dilemas morales es una estrategia que tiene como eje central el diálogo aplicado a situaciones controvertidas. Esta estimula en los participantes la reflexión, la producción de argumentos que justifiquen sus opiniones y la valoración crítica de los razonamientos propios y ajenos. Las escuelas que ofrecen oportunidades para practicar la capacidad de argumentación en relación a temas controvertidos, favorecen en sus alumnos el avance hacia niveles superiores de razonamiento moral. La discusión de dilemas morales alienta el disenso y crea las condiciones para que el grupo analice la situación, reflexiones sobre los pros y contras de cada alternativa, valore sus consecuencias y se comprometa a buscar la manera de resolver el conflicto con base en las mejores razones aportadas por el grupo.

Salón de clases
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Prácticas de reflexividad

Estas expresan una de las aspiraciones éticas más antiguas del pensamiento de Occidente: el conocimiento y el cuidado de sí mismo. El autoconocimiento, la sinceridad con uno mismo, la autoestima, la autoevaluación y la autorregulación se han convertido en las formas más representativas que toma en la actualidad el ideal ético de la reflexividad.

Ante la pluralidad de propuestas morales y éticas que caracterizan las sociedades plurales es imprescindible, desde el ámbito educativo, dotar a los jóvenes de herramientas que les ayuden a construir su propia jerarquía de valores. Los ejercicios de clarificación de los valores, orientados al autoconocimiento y a la autorregulación, se orientan en torno a tres mecanismos de adquisición: en primer lugar, se adquieren valores gracias a la toma de conciencia de lo que realmente se prefiere; en segundo lugar, se da un proceso de elección de valores cuando la persona es libre de escoger entre distintas alternativas. Y, por último, cuando la persona está en capacidad de actuar de acuerdo con los valores seleccionados; es decir, de esforzarse para que la conducta sea el reflejo de los valores adquiridos y se repita hasta convertirlos en un hábito.

Prácticas de virtud

Hablar sobre las conductas a la que deben aspirar los individuos es cuestión del pasado. En la actualidad, los educadores saben muy bien qué rasgos de carácter son apreciables y cuáles son las cualidades personales que les gustaría transmitir a sus alumnos. Las prácticas de virtud suponen hacer y hablar para cumplir una función formativa. Para ilustrar las prácticas de virtud, se han elegido dos prácticas que comparten la voluntad de estimular la responsabilidad y el compromiso de los alumnos: la tutoría entre iguales y el aprendizaje servicio.

La tutoría entre iguales es una modalidad de aprendizaje colaborativo que parte de la potencialidad que los compañeros tienen para enseñar. Es una experiencia de tutoría entre iguales, que exige la creación de un contexto de enseñanza aprendizaje en la que los alumnos implicados tienen clara conciencia de la situación en la que participan. La relación entre alumno tutor y alumno tutorado está definida por comportamientos de apoyo, ayuda y guía.

El aprendizaje servicio es una práctica de virtud que busca implicar a los jóvenes en el bien común a partir de la adquisición de aprendizajes de contenidos, valores y estrategias. Es una metodología que une aprendizaje y servicio. Un caso puede ser aquel en el que los alumnos reciben en sus clases información sobre situaciones de marginación y aprenden de qué modo pueden prestar ayuda para colaborar con diversas entidades en tareas asistenciales que estas realizan habitualmente. Esta es una experiencia que les permite a los jóvenes adquirir aprendizajes mientras prepararan y realizan una tarea de servicio referida a una necesidad social.

El aprendizaje servicio busca entonces formar ciudadanos que propendan por el bien de la sociedad; educar en valores, pues pretende enseñar valores ampliamente compartidos a través de su puesta en práctica en situaciones reales y dar sentido al saber escolar, ya que se trata de adquirir conocimientos para aplicarlos y mejorar las condiciones de vida de todos.

De lo plasmado en las dos partes de este resumen se concluye:

  • Que la educación en valores no busca el saber cómo se debe vivir, sino que se esfuerza por anclar su reflexión en una mirada crítica que permita aclarar qué se debe conservar y qué conviene transformar, lo que nos lanzará a un esfuerzo individual y colectivo por encontrar nuevos caminos que nos ayuden a vivir de un modo más justo, solidario y feliz.
  • Que la educación en valores se convierte en una reflexión plural que se vale en cada momento de todas aquellas ideas que le ayudan a resolver los problemas con que se enfrenta. No es un problema teórico, sino de reflexión y acción para que todos los seres humanos vivan una vida digna y mejor.
  • Que un currículo de educación en valores no puede circunscribirse en una o unas pocas propuestas, aunque estas estén bien argumentadas. En los centros educativos, se debe crear una cultura moral que se manifieste en todo lo que se hace, se habla y se sienta. La educación en valores debe crear una atmósfera educativa que termine por calar en el modo de ser de los alumnos.

Gracias a este artículo, podemos darnos cuenta de la ardua y a la vez bella tarea que hace parte del quehacer docente: educar en valores. Una gran responsabilidad. Está en las manos de los docentes el luchar por un mejor país, y esto seguramente lo lograrán, en la medida que, a partir de sus currículos, afiancen en cada uno de sus estudiantes los valores necesarios para encausarlos en esta lucha también.

Te invitamos a reflexionar en torno a esta temática y a analizar si en tu institución educativa cuentan con un currículo orientado realmente a la educación en valores.

Te invitamos a ingresar al siguiente link, en el que encuentras el artículo completo.

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